Hace ya casi medio año que publiqué la parte I de este viaje. Al final no puedo mostrar más fotografías que las que hice yo, así que muchos rincones y muchos momentos quedarán fuera de este blog. No he esperado tanto tiempo por ello; simplemente, ha sido cuestión de estar demasiado ocupada para elaborar el post o de no tener demasiadas ganas de hacerlo (un poco de ambas cosas).
Para poner un poco en situación, en la primera parte publiqué algunas fotografías que tomé durante la excursión de Yacimientos Minerales a Huelva y zonas próximas -algo vimos de Sevilla y de Badajoz- (y también Almadén, en Ciudad Real).
En esta segunda parte, publico algunas fotografías tomadas durante el campamento de Geología Regional y de España, realizado en Huelva también:
Flores del campo, para variar. Como había muchos tipos hice bastantes fotografías de flores.
Esta flor es una jara. Por lo menos sé el nombre de alguna de las flores que fotografié. Había muchísimas jaras por todas partes, los campos llenos. Y eran bonitas... hasta que tuvimos que atravesar una ladera de jaras hasta la cima de un cerro a machetazo limpio y respirando polen de jara hasta el último alveolo pulmonar y pringándonos enteros de esa resina pegajosa que desprenden sus tallos y sus hojas... Todo un asco de flor al final.
Un árbol solitario. Podría ser un olivo o algo así, no sé, ahora mismo no recuerdo lo que había allí, sólo me fijé en que era una fotografía bonita: el árbol solo y los inmensos campos en la lejanía.
Otra flor.
Los tan característicos cerdos negros del sur. Pata negra: catorce buenos jamones y catorce buenas paletas hay en esta foto...
Un precioso campo de trigo. La gente se perdía entre los tallos del trigo y quedaba tan bonito el contraste con el azul del cielo...
Otra flor del campo. Ya os digo: había un montón para elegir.
Una malva. Esta también me la sé.
Estas son flores de jardín. Una especie de margaritas grandes de color muy vivo. Comimos un día en un pueblo cerca de la frontera con Portugal, y en la mayoría de las casas había flores preciosas: en terrazas, balcones y coloridos jardines.
Un rosa. También de un jardín.
Este es el puertecito de aquel pueblo en el que comimos. No recuerdo el nombre, pero ese es el río Guadiana, precioso. A un lado España, al otro, Portugal.
Un pobrecillo escarabajo rinoceronte que encontré una tarde totalmente tieso en la arena de Mazagón. Pasamos tres noches allí. Era increíble la playa en la oscuridad (aunque no se veía nada, claro): el olor, el sonido del mar, el tacto de la arena en los pies, millones de estrellas...
Esta imagen la tomé de visita a una explotación minera abandonada. Era un poco desolador el paisaje, pero también tenía cierto encanto marciano.
Un lago ácido en esa misma corta. En la foto se ven dos monedas de cinco céntimos que dejamos allí durante un buen rato para comprobar la corrosión que producían esas aguas.
Este es el lago en una vista más amplia. No era gran cosa, pero llamaba muchísimo la atención su sanguinolento aspecto.
Minas de Riotinto. Esto son escombreras. La fotografía la tomé desde el destartalado trenecito turístico que recorre las antiguas explotaciones.
Otra vista desde el trenecito. Era impresionante todo aquello. Aunque lo mejor era lo que el hombre no había creado: el río Tinto, un curso fluvial naturalmente ácido: rojo como el vino...






servido por first_corner_of_anita_bokeron
11 comentarios
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laluzenmi dijo
muy chulas las fotos. a los cerdos se les ve un poco paliduchos, ¿no? y el río tinto impresiona. yo estuve por allí hace poco currando. qué jamón, por dios.
20 Noviembre 2007 | 09:00 AM